CAPÍTULO 216 — Madrugadas de vigilia y perdones pendientes
En la sala de espera de neonatología, Gabriel Fuentes se había convertido en parte del mobiliario. Llevaba días repitiendo la misma rutina: salía de su oficina tras jornadas maratónicas con abogados, pasaba por su ático solo para cambiarse de ropa y llegaba al hospital cuando la ciudad dormía. Se sentaba en la silla de plástico incómoda frente al ventanal de la UCI y velaba el sueño de su hija.
A pesar de que los días eran pesados y el