CAPÍTULO 207 — La evidencia del rencor
Gabriel Fuentes Mansillas entró en la sala de conferencias con un aire renovado, aunque sus ojos aún mostraban los estragos de las últimas cuarenta y ocho horas. Se había duchado, afeitado y puesto un traje limpio, recuperando esa armadura de poder que tanto necesitaba para enfrentar la guerra que se libraba fuera de los muros del hospital.
Valentino Rossi ya estaba allí, sentado a la cabecera de la mesa, rodeado por el equipo legal de la firma. Había tazas de café vacías y montones de expedientes esparcidos sobre la caoba pulida.
— Buenos días —saludó Gabriel, tomando asiento frente a su socio.
— Buenos días, Gabriel —respondió Valentino, cerrando una carpeta—. Me alegra verte con mejor cara. ¿Cómo siguen las chicas?
— Estables. Mi madre pasó la noche con Isabella. La bebé sigue en la incubadora, pero los médicos son optimistas.
Valentino asintió, aliviado.
— Eso es lo más importante. Ahora, hablemos de cómo salvar este barco antes de que los ti