CAPÍTULO 208 — Cenizas de una alianza frágil
Bárbara Greco estaba sentada en el borde de la cama king size, envuelta en una sábana de seda que apenas cubría su desnudez. Se miraba en el espejo del tocador antiguo, pero no le gustaba lo que veía. Su rostro, habitualmente impecable, mostraba signos de agotamiento y hastío. Las ojeras bajo sus ojos no eran por trabajo, sino por el estilo de vida que había adoptado en las últimas semanas.
Desde que inició esta relación simbiótica con Gonzalo, su vida había pasado de ser la de una estrella en ascenso a la de una acompañante de lujo que transitaba entre los casinos clandestinos, las fiestas privadas y el set de televisión. Al principio, la adrenalina de la venganza y el flujo ilimitado de dinero la habían embriagado. Pero la resaca estaba llegando.
Miró hacia el balcón, donde Gonzalo estaba de pie, dándole la espalda, mirando la ciudad a través de una rendija en las cortinas. Llevaba una bata de seda negra y fumaba un cigarrillo con esa par