CAPÍTULO 174 — Papeles mojados y victorias vacías
La oficina principal de Gabriel en la torre de Fuentes Global era un reflejo arquitectónico de su estado interno: fría, imponente y situada a una altura vertiginosa desde donde el resto del mundo parecía diminuto e insignificante.
Sentado frente a él, al otro lado del escritorio de caoba negra, se encontraba el licenciado Montero, el jefe del departamento legal de la corporación. El abogado, un hombre de edad madura y cabello plateado, revisaba un expediente grueso con la meticulosidad de un cirujano.
Gabriel se masajeó las sienes. El dolor de cabeza de la resaca ya había remitido gracias a los analgésicos, pero había sido reemplazado por una presión sorda detrás de los ojos, producto del estrés y de la imagen recurrente de Isabella llorando en el pasillo de su edificio.
— Estuve investigando a fondo lo que me pidió, señor Fuentes —comenzó a decir el abogado, cerrando la carpeta con suavidad y cruzando las manos sobre ella—. Y la situ