CAPÍTULO 175 — Padres primerizos
Camila tenía el monitor para bebés encendido junto a su copa de agua. Sus ojos, en lugar de mirar a su esposo o a la comida, estaban fijos en la pequeña pantalla en blanco y negro que mostraba a Fabrizio durmiendo en su cuna, en la habitación de arriba.
— Me da miedo dejarlo cinco segundos, Valentino —confesó ella, con la voz apenas un susurro, como si hablar muy alto pudiera despertar al niño a través de las paredes—. Siento que si dejo de mirarlo, algo va a pasar. Que se va a destapar, o que va a extrañar mi olor…
Valentino extendió la mano sobre la mesa y cubrió la de ella, apretándola con suavidad. Su propia cara reflejaba el cansancio, pero también una paciencia infinita.
— Amor, está bien. Está dormido, está seguro y está a veinte metros de nosotros —la tranquilizó él—. Vamos a comer. Lo necesitas. Necesitas recuperar fuerzas para seguir siendo la súper mamá que eres. Si no te alimentas, te vas a desmayar, y ahí sí que Fabrizio va a tener proble