CAPÍTULO 147 — La cita que no debía ser
La jornada transcurría con una inesperada calma. Isabella llevaba horas concentrada en su computadora, respondiendo correos y dando instrucciones a su equipo. Era como si el simple acto de trabajar la anclara a la realidad y le devolviera el control perdido. El murmullo de las máquinas, el ruido lejano de las impresoras, el ir y venir del personal… todo contribuía a una sensación de normalidad que creía imposible recuperar.
Pero el destino —siempre capric