CAPÍTULO 146 — El regreso a la luz
La primera noche instalada ya en la casa de su madre fue corta, inquieta y silenciosa. Isabella apenas durmió, pero por primera vez en semanas no despertó sintiéndose al borde de un abismo. Se levantó despacio. La tristeza seguía allí, instalada en su pecho, pero había algo más: una chispa diminuta, casi imperceptible, que le recordaba quién era ella antes del caos. Una mujer fuerte, disciplinada, talentosa, una mujer que había construido su carrera desde cero