Camila sintió que el corazón le daba un vuelco. Por un instante creyó haber escuchado mal.
—¿Amor... qué acabas de decir?
Del otro lado de la línea, León cerró los ojos. Sabía que estaba siendo impulsivo, pero sentía que el tiempo se le escapaba de las manos.
—Quiero que te cases conmigo mañana.
Camila guardó silencio.
Su loba, ilusionada, casi daba saltos de felicidad, pero su lado racional comenzó a hacerse preguntas.
—León... ¿está pasando algo?
—No.
—Entonces, ¿por qué tanta prisa?
León dud