La mañana llegó silenciosa, envolviendo la habitación con una tenue luz dorada. Sobre la amplia cama, dos recién casados seguían abrazados, aún refugiados entre las sábanas después de la primera noche que compartían como esposos.
Camila fue la primera en despertar.
Abrió lentamente los ojos y, durante unos segundos, no reconoció el lugar donde se encontraba. Giró apenas la cabeza y su respiración se detuvo al encontrarse con el rostro dormido de León.
Su brazo descansaba protector alrededor de