Las mañanas habían adquirido un brillo diferente para Camila. El aire parecía llevar consigo un aroma dulce que la hacía sonreír sin darse cuenta. Desde que aceptó darle una oportunidad a León, sus días estaban llenos de pequeñas emociones que jamás imaginó experimentar.
Cada conversación, cada salida y cada detalle del alfa lograban derribar poco a poco los muros que había construido después de lo ocurrido en el campamento.
Por primera vez en mucho tiempo, su loba volvía a sentirse en paz.
Y,