Su cuñada soltó una risa cargada de desprecio.
—¿Y con qué dinero? Si no tienes dónde caerte muerta.
Camila la miró con serenidad.
—Cuñada, tú no sabes absolutamente nada de mí. Cuando dije que no necesito el dinero de nadie, hablaba muy en serio.
León dio un paso al frente.
—¿Qué fue exactamente lo que descubrió tu familia sobre mí?
Ella sonrió con amargura.
—Nada que te interese.
Tomó aire antes de continuar.
—Con permiso. Su circo ya me aburrió. Yo sí tengo responsabilidades mañana y necesit