León llegó a casa a media tarde. Había olvidado unos documentos importantes y decidió regresar antes de volver a la oficina.
Apenas cruzó la puerta, encontró a su madre y a su hermana conversando animadamente en la sala.
Al verlo, su madre se levantó de inmediato y caminó hacia él con una sonrisa demasiado amable.
—Tu esposa no está en casa, hijo.
León arqueó una ceja.
—Lo sé, madre.
Respondió con tranquilidad mientras dejaba el maletín sobre una silla.
—Sé perfectamente dónde está.
—¿Ah, sí?
L