Camila sintió cómo algo dentro de ella se hacía pedazos.
Un dolor agudo atravesó su pecho, dejándola sin aire. Su omega gimió con tristeza, incapaz de soportar la escena que tenía frente a sus ojos.
La mujer sentada sobre el regazo de León reía con total confianza, mientras él no hacía el menor intento por apartarla.
Camila permaneció inmóvil unos segundos.
Esperó.
Esperó que León la alejara.
Que dijera algo.
Que, al menos, se diera cuenta de que ella estaba allí.
Pero nada ocurrió.
Su corazón