Casi me fué imposible respirar al ver la residencia en la que había estado hacía casi cuatro años.
Quedé sin habla al ver como Costas estacionaba el auto frente a la casa que había explotado ante mis ojos. Mis piernas temblaron mientras bajaba del vehículo, luchando contra la impresión para mantenerme de pie y coordinar mis pasos hasta la entrada.
La luz cálida del sol inundaba todo, haciéndolo parecer un sueño. Crucé la puerta perpleja. Los muebles color crema, la cocina abierta, la alberca..