Cuando tomamos asiento para comer, escuche el tintineo de unas llaves en la cerradura de la entrada. Gire el rostro justo cuando esta se abría, dejando ver el radiante rostro de Luca.
- ¡Buenos días!- gritó llegando a la cocina- ¡estás aquí!- su sonrisa se amplió al verme- ¿Comen sin mí?- como un resorte me levanté de la silla.
- Siéntate, aún no empezamos. Te serviré un poco...-solo alcancé a ponerme de pie antes de caer de golpe en la silla de nuevo. La mano de Costas me había devuelto a mi a