La expresión de Costas era escalofriante.
El aire dentro del auto se había vuelto pesado por la tensión. Lo miraba de reojo, nerviosa, sin atreverme a decir algo realmente.
Él apagó el motor del auto luego de estacionarse y se volvió hacia mí, fulminándome con la mirada.
- 5 minutos- ordenó con una expresión tan iracunda, que no pude moverme. No entendía por qué todo se había vuelto tan incómodo.
- De acuerdo...-murmuré abriendo la puerta del auto, justo después de cerrarla escuche como otra