Emilio se liberó de mis brazos en un parpadeo y abrió fuego contra Costas mientras yo me ocultaba tras un mueble.
Cristales, plumones y trozos de madera caían en todas direcciones mientras yo solo lloraba impotente.
Las balas cesaron cuando Costas lo tacleó y comenzó a golpearlo en el suelo con furia. Rodaban por el suelo propinándose golpes contundentes. Emilio logró zafarse de él y arrastrarse por el suelo hasta alcanzar su arma. Al ver lo que pretendía, mi cuerpo se abalanzó sobre el arma d