Mientras en la mansión la magia antigua sanaba corazones rotos, en el Distrito Portuario de Helsinki, la realidad era mucho más sucia. La sangre no sanaba allí; corría espesa y caliente sobre el asfalto helado.
Una patrulla de la Coalición, compuesta por cuatro lobos veteranos curtidos en mil batallas fronterizas, realizaba su ronda habitual entre los contenedores oxidados. El ambiente estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. El zumbido eléctrico de la ciudad aún se sentía inestable tras el apagó