Interludio: La Invitación que Nunca Llegó
En la mansión del Este, el ambiente era fúnebre.
El mensajero de la Manada del Bosque Oscuro había llegado esa mañana. Entregó pergaminos de invitación a todas las manadas aliadas, a los líderes de clanes menores e incluso a algunos humanos de confianza.
Pero cuando llegó a la puerta de Jarl e Ingrid, el mensajero no entregó nada. Solo dio un mensaje verbal, frío y cortante, dictado por el propio Mikael:
—"La Manada del Bosque Oscuro no recibe a traidores en su día sagrado. Vuestra presencia no es requerida, ni permitida. Si cruzáis la frontera, seréis cazados."
Jarl rugió de ira, destrozando una mesa. Pero Ingrid no gritó. Ingrid se quedó quieta, con una calma psicótica. Caminó hacia su habitación, se sentó frente al espejo y comenzó a cepillarse el cabello rubio mecánicamente. Cien veces. Doscientas veces.
—No me invitaron a mi propia boda... —susurró, con la mirada perdida—. Ella se ha puesto mi vestido. Ella está viviendo mi vida.
Dejó el