Después de la demostración, Julian llevó a Ingrid a su oficina privada en el ático. Era un espacio amplio, minimalista, con una vista panorámica de Helsinki.
Julian sirvió dos vasos de whisky de malta añejo. —Cuéntame sobre ella —dijo Julian, sentándose tras su escritorio de cristal—. La nueva "Luna". Mis informes dicen que Mikael rompió todas las tradiciones por ella. Debe ser una loba impresionante.
Ingrid soltó una risa amarga y bebió el whisky de un trago. —¿Impresionante? Es una broma. Es una humana.
Julian se detuvo con el vaso a medio camino de sus labios. —¿Una humana?
—Sí. Una humana patética, pequeña y frágil. Mikael la encontró por accidente. Dice que es su mate, pero yo creo que es solo un fetiche. Se la trajo de Estados Unidos, creo.
Julian frunció el ceño ligeramente. Algo en la descripción le incomodó. —¿Nombre?
—Elena. Elena Moore. O algo así.
El vaso de cristal estalló en la mano de Julian. El whisky y los fragmentos de vidrio cayeron sobre los documentos inmaculados,