Cuando Lizzie se alejó con el portafolio bajo el brazo, Allyson permaneció de pie, todavía con la imagen de aquellas carpetas grabada en la mente. La música y las voces parecían llegarle desde muy lejos, como si el salón entero se hubiera sumido en una especie de eco distorsionado.
No era la primera vez que veía documentos así. En el FBI habían aprendido a detectar, casi por instinto, los rastros de operaciones sucias escondidas bajo el disfraz de legalidad. Pero aquí… había algo distinto. Aque