La mañana en Grayhaven amaneció envuelta en una niebla más espesa de lo habitual. No era solo la humedad que venía del mar; era un peso extraño en el aire, como si la ciudad estuviera conteniendo la respiración. Los pocos transeúntes que caminaban por la calle principal lo hacían en silencio, con los hombros encogidos, evitando mirar a los lados. Nadie quería encontrarse con la mirada de otro. Nadie quería hablar demasiado.
La cafetería Haven’s Corner estaba medio vacía. Una lámpara parpadeaba