Asteria intentó moverse para crear algo de distancia, pero su propio cuerpo parecía paralizado por el impacto de la cercanía. El calor que emanaba de Lysandra, tan palpable como su presencia, envolvía el espacio reducido entre ellas, y Asteria no pudo evitar sentirse atrapada en el momento.
Fue entonces que el cachorro, como si sintiera la necesidad de interrumpir la quietud, se agitó entre sus piernas y comenzó a mover las patas con entusiasmo.
El pequeño animal saltó hacia el espacio entre