Alfonso condujo en silencio durante largo rato.
Las luces de la carretera se deslizaban como sombras sobre su rostro tenso.
En el asiento trasero, Anahí se había quedado dormida, acurrucada junto a Freddy, quien dormía profundamente con la carita apoyada sobre el regazo de su madre. Alfonso los miró por el espejo retrovisor con una mezcla de amor, culpa y una tristeza tan honda que le oprimía el pecho.
Hoy casi los pierde.
Y todo, por su ceguera, por su pasado, por los errores que se empeñaba en