Al día siguiente
El aroma a café recién hecho flotaba en el aire, envolviendo la cabaña con un calor reconfortante.
Anahí abrió los ojos lentamente, sintiendo el cuerpo aún adormecido. Por un momento, la calma de la mañana la envolvió, hasta que escuchó ruidos provenientes de la cocina.
Se frotó los ojos y se sentó en la cama, percibiendo cómo su estómago rugía ante el olor tentador.
Se levantó con cautela y, descalza, avanzó por el pasillo de madera.
Al llegar a la cocina, se detuvo en seco.
Al