Rossyn sintió un temblor en las manos. El corazón le latía tan rápido que parecía querer escapar de su pecho. Miró a Elliot con una mezcla de rabia, asco y decepción. No más engaños. No más mentiras. No más él.
De pronto, sin pensarlo demasiado, levantó la mano con fuerza y descargó una bofetada directa en su rostro. El golpe resonó en el aire, seco, contundente.
—¡No te quiero en lo absoluto! —gritó con voz quebrada—. ¡Ya sé quién eres tú! ¡Y me das asco!
Elliot dio un paso atrás, sorprendido,