En la comisaría
El eco metálico de las puertas resonaba en la comisaría como un recordatorio constante de encierro y desesperanza.
El aire olía a humedad.
Gustavo caminaba con paso sigiloso, los ojos atentos, el corazón golpeando en su pecho con violencia.
Sabía que arriesgaba demasiado con esa visita, pero el impulso lo dominaba.
Tuvo suerte: los Molina no lo vieron entrar. Margarita y Néstor estaban demasiado ocupados discutiendo con los abogados, rogando por una salida imposible para su hija.