Félix estaba sentado en la sala de espera del hospital, con la mirada perdida en el suelo, cuando el sonido apresurado de unas ruedas sobre el piso llamó su atención.
Una camilla apareció de pronto, escoltada por enfermeros y médicos que corrían con urgencia.
Apenas alcanzó a ver una silueta cubierta por sábanas blancas, desvanecida, sin fuerzas. Su corazón se aceleró, pero no logró reconocer de quién se trataba.
Los médicos no se detuvieron. La llevaron directo a la sala de urgencias, y entonce