—Nelly… —pronunció Jeremías, su voz temblando de incredulidad mientras cruzaba la puerta.
Sus ojos se posaron rápidamente en el hombre que yacía en la cama, y un torrente de rabia lo invadió.
Nelly retrocedió un paso, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones.
Era como si el mundo que había construido se estuviera desmoronando a su alrededor.
La culpa la consumía, y en su interior, sabía que había roto algo fundamental entre ellos.
—¡Lo siento tanto, Jeremías! —exclamó, su voz llena d