Jeremías llegó hasta aquel departamento, su corazón latiendo con fuerza mientras subía las escaleras.
La preocupación lo había llevado allí, un impulso incontrolable que lo empujaba a actuar.
Allí estaba ella, Tarah, y en ese instante, la rabia ardía en su corazón como un fuego inextinguible.
¡Era Tarah, a punto de escapar por una ventana!
Su figura delgada se asomaba peligrosamente, casi al borde de caer.
Sin pensarlo, corrió hacia ella, sintiendo cómo el tiempo se ralentizaba en su mente.
—¡Ta