Tarah abrió los ojos casi al anochecer, sintiendo una confusión abrumadora.
La luz tenue del atardecer se filtraba a través de las cortinas, creando un ambiente cálido y acogedor, pero su mente aún estaba atrapada en la niebla de lo desconocido.
Entonces, vio a ese hombre, sentado en la esquina de la cama, observándola con una expresión que no podía descifrar.
Ella miró a su alrededor, tratando de orientarse en el espacio que ahora ocupaba.
No reconocía ese lugar, ni sus paredes, ni su mobiliari