Antes de que pudiera reaccionar, la mujer se abalanzó sobre ella. Sienna cayó de espaldas, golpeándose la cabeza contra el muro. Sintió cómo las manos de la agresora rodeaban su cuello.
Estaba tratando de estrangularla.
Sienna pataleó, forcejeó, intentó gritar, pero no salía voz.
La presión en su garganta le robaba el aire. El miedo le llenó los ojos de lágrimas.
Pero entonces, una imagen surgió con fuerza en su mente: Melody. Su hija que la esperaba. Que la necesitaba.
No iba a morir. No podía