Capítulo: Perderlo todo.
De pronto, el silencio del pasillo se quebró.
Las puertas del lugar se abrieron de golpe y un grupo de hombres entró con paso firme.
Eran los guardias de Alexis. El eco de sus botas resonó con dureza, como si cada pisada anunciara la tragedia.
—Llévensela —ordenó una voz grave, sin titubeos, sin humanidad.
Ella intentó resistirse, la confusión le golpeaba más fuerte que las manos que la sujetaban.
—¡No, espera, Alexis! —gritó con el corazón estrujado—. ¿A dónde me llevan?
Pero nadie respondió.
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