—¡Nunca!
El grito de Alexis retumbó como un trueno en los pasillos del hospital.
Con un movimiento brusco, se soltó de los brazos que intentaban detenerlo y se abalanzó sobre Tessa.
Sus manos la sujetaron con fuerza, y por primera vez, ella, la mujer siempre calculadora, sonrió nerviosa, pero con miedo en los ojos.
—A-Alexis… —balbuceó, retrocediendo un paso—. ¿Qué haces aquí?
Pero él no respondió.
Su respiración era agitada, su mirada oscura, y en ese instante, lo único que importaba para Alex