Por fortuna, Alexis corrió con todo su cuerpo y corazón desesperado, alcanzando a su hija justo a tiempo.
La levantó en sus brazos, sintiendo su pequeño cuerpo temblar entre los suyos, y pudo apartarse del peligro, mientras un auto pasaba demasiado cerca, haciendo sonar el claxon de manera estridente y lanzando insultos por la ventana.
Finalmente, lograron llegar al otro lado de la calle, ilesos, aunque ambos respiraban agitadamente, con el pulso acelerado y el miedo grabado en cada mirada.
—¡Me