—¡Tanto que has insultado a Alexis, pero te convertiste en lo que él fue! —la voz de Sienna retumbó en el pasillo del hospital, cargada de rabia contenida.
—¡Sienna, soy tu hermano! —replicó Félix, con desesperación, como si ese lazo de sangre fuera suficiente para justificarlo.
—Y no por eso voy a defenderte —respondió ella, con los ojos encendidos como brasas—. Menos aún cuando vi las lágrimas de una mujer derramarse por tu causa. Me avergüenzo de ti, Félix. Si eres hombre, lo mínimo que harás