—¡Si vuelves a intentar alejarme de mi hija… te mataré! —escupió Sienna con la voz rota por la furia—. ¡Y si vuelves a permitir que esa perra le haga daño, como cortarle el cabello a mi hija, otra vez, te juro que te mataré! Por mi hija soy capaz de todo, ¿me escuchas? ¡De todo!
Alexis parpadeó, frunciendo el ceño, como si tratara de descifrar un idioma desconocido.
Sus ojos reflejaban más confusión que culpa, como si ni siquiera entendiera el peso de las acusaciones.
Orla, que estaba cerca, ab