El trayecto hasta la casa fue silencioso, roto solo por el suave ronroneo del motor y el sonido de la respiración de Melody, que no dejaba de mirar por la ventana con ojos curiosos.
El camino bordeaba un sendero de árboles altos, cuyas copas se mecían como si saludaran a la pequeña.
Finalmente, el auto se detuvo frente a una majestuosa casa de fachada clara, con un amplio jardín cubierto de flores recién regadas que exhalaban un aroma fresco y dulce. El césped estaba tan perfectamente cuidado qu