Sienna temblaba de miedo.
El aire parecía haberse congelado en sus pulmones, cada segundo era una eternidad que desgarraba su pecho.
El eco de los pasos de Tessa resonaba en el acantilado vacío, mezclándose con el golpeteo del mar contra las rocas.
Y de pronto, un sonido que llenó de esperanza los corazones de todos irrumpió en la escena: sirenas.
Los autos de la policía llegaron, sus luces rojas y azules tiñendo la oscuridad de un resplandor vibrante y desgarrador.
Tessa se sobresaltó, apretó c