La noche cayó sobre la ciudad como un telón oscuro cargado de presagios.
Sienna, con el corazón encogido, le contó todo a Félix. Su voz temblaba, pero no había espacio para dudas ni miedos: Tessa estaba tramando algo cruel, y Horacio era parte de ese juego perverso.
Félix escuchó en silencio, con la mandíbula apretada y los ojos llenos de un fuego contenido.
Apenas Sienna terminó de hablar, él no vaciló.
—Enviaré a mis hombres. Quiero que vayan a prisión y busquen a ese tal Horacio. No me impor