—¡Mamá!
—¿Cómo te atreves a hablarme así, Melody? —la voz de Sienna retumbó en la habitación, cargada de una mezcla de dolor y firmeza—. ¿Sabes por qué perdoné a tu padre? ¡Porque lo amo! Porque nuestro amor nunca murió. Porque aprendí que si me quedaba atrapada en el odio iba a perderme a mí misma, y no estaba dispuesta a regalarle mi vida a un sentimiento tan miserable.
La respiración de Sienna se quebró, pero su mirada seguía fija en su hija.
—Y si tú no aprendes a ver más allá del odio, Melo