34. Si no es suyo, no lo quiero
Elara se da la vuelta para marcharse, pero aún no ha dado dos pasos cuando la voz de Matías la detiene.
—No debería huir de mí… como lo hizo en la biblioteca.
Ella se queda quieta. La brisa agita levemente su vestido. No se atreve a girarse.
—No estoy huyendo —miente, con la voz baja.
—Sí, lo está. Pero no voy a detenerle —dice él con suavidad—. Solo quiero que sepa que no voy a presionarle. No le haré nada indebido ni haré nada que comprometa su honor. Lo que sea que sienta ahora… yo sé qu