16. Un culpable más
La noche tiembla en un silencio espeso, cortado solo por el susurro insistente del viento. El cielo, denso y oscuro, se derrama sobre el balcón, donde dos figuras se enfrentan bajo la mirada muda de la luna. Sus ojos se clavan con la fuerza de lo no dicho, de lo que arde por salir.
Elara, de pie en el umbral, lleva una bata blanca que se agita con cada ráfaga, como si también ella estuviera hecha de niebla y de ira. El cabello suelto le golpea el rostro, pero no parpadea. No tiembla. La furia