El aire en la habitación está cargado de calor, espeso como la miel derramada sobre piel. No reconozco el lugar al principio,paredes altas, cortinas de seda que se mueven con la brisa nocturna, una cama que huele a cuero y whisky caro, hasta que veo el reloj de pared.
Es su casa.
Jesús está sentado al borde del colchón, desabrochándose los gemelos de las mangas con movimientos lentos, deliberados. La luz de la luna pinta líneas plateadas sobre su torso desnudo, siguiendo cada músculo, cada c