El silencio en la oficina resulta más estridente que cualquier ruido cuando cruzo la puerta. Sé que llego tarde, pero después de lo ocurrido esta mañana, cada paso hacia el edificio ha sido un suplicio. Mis piernas parecen pesar toneladas, como si arrastraran el peso de nuestros pecados.
—Qué curioso —murmura Sofía, pasando un dedo por el borde de mi escritorio con una sonrisa afilada—. Algunas personas pierden la noción del tiempo cuando tienen... compromisos inesperados.
Ni siquiera me mo