El avión aterriza con un golpe seco que hace que los pasajeros a mi alrededor se agarren de los reposabrazos. Yo apenas lo noto. Mis uñas ya han dejado media luna marcada en la palma de mi mano izquierda, y el teléfono en mi derecha sigue mudo, sin nuevas notificaciones desde aquel mensaje que lo cambió todo. Cada latido en mis sienes repite las palabras como un eco maldito: "Estoy enamorada de tu padre"
El taxi hasta mi departamento parece durar una eternidad. Cada semáforo en rojo es una ag