Me cruzo de brazos lentamente y lo observo con una mezcla de fastidio y curiosidad, tratando de descifrar las intenciones detrás de su repentino cambio de tono.
—Uhm, ¿qué tal si dejas de quejarte por un momento y tomas seriamente en cuenta la proposición de mamá? —sugiere Alex, apoyándose con ligereza contra el borde de mi escritorio.
—¿Cuál de todas sus descabelladas ocurrencias? —Enarco una ceja, mirándolo con desconfianza.
—Lo del matrimonio, Gabriel. Sabes perfectamente a qué me refiero.