CAPÍTULO 5
La resaca de anoche me está matando lentamente. Siento un martilleo incesante detrás de mis ojos que amenaza con partir mi cráneo en dos. En este estado miserable, no puedo soportar la luz de ninguna forma; el más mínimo destello hiere mis pupilas con la fuerza de una aguja. Es precisamente por eso que pido de manera estricta que mi cuarto siempre tenga cortinas gruesas, pesadas y completamente oscuras, las cuales deben estar perfectamente cerradas las veinticuatro horas del día para mantener el