Guardo mi celular, sintiendo cómo el peso de la incertidumbre me oprime el pecho. La pantalla sigue oscura, pero el sonido de las notificaciones que no cesan me recuerda que la paz es un lujo que no me puedo permitir hoy.
—¿Qué te dijeron exactamente? —le pregunto a Gabriel, esperando que al menos él tenga una solución viable.
—Alex fue muy claro: hay demasiados reporteros apostados en cada esquina, y lo mejor, por seguridad y discreción, es que no vayas a la empresa y te quedes encerrada hasta