Camino a pasos sumamente ligeros, firmes y veloces hacia la gran salida principal de la residencia familiar. No tengo ni una maldita hora completa de haber llegado a este ostentoso banquete de bienvenida cuando mis propios padres ya se han encargado por completo de arruinarme la noche entera con sus asfixiantes ambiciones comerciales y corporativas.
«Y pensar que pasé días enteros creyendo de forma paranoica que sería Miranda la que me amargaría la cena con sus acostumbrados venenos, cuando en